Invertir en las nuevas generaciones

Cada vez llama más la atención a los jóvenes colombianos la falta de oportunidades para alcanzar sus metas y muchos aseguran que sus sueños ya no son los de poseer un automóvil de última generación, sino el de encontrar un trabajo que les permita sobrevivir en un país donde cada vez es más difícil emplearse.

Esta es la realidad que hoy viven miles de jóvenes que ya han terminado su ciclo universitario y se encuentran realizando maestrías, doctorados y no encuentran donde acomodarse, y qué decir de los que viven en las regiones apartadas en los campos donde su único camino es el de quedarse a trabajar con todas las limitaciones.

Las universidades siguen recibiendo estudiantes para carreras que ya no tienen mercado, por eso pululan abogados, médicos, ingenieros, comunicadores y muchos otros profesionales que terminan como taxistas de medio tiempo con la esperanza de encontrar una oportunidad que rara vez llega y cuando llega, simplemente no ofrece la alternativa esperada.

Nos preguntamos entonces ¿Qué está pasando con las políticas de juventud?, ¿qué pasa con la inversión para las nuevas generaciones?, ¿qué están haciendo las universidades para revertir ese juego peligroso de educar jóvenes para engrosar el mundo de los desempleados?

Las políticas de juventud adelantadas desde hace algunos años ya no responden a las necesidades que hoy tienen los millones de jóvenes que se encuentran en la pobreza, por eso se necesita volver a invertir en nuevos planes de desarrollo que permitan transformar la economía y evitar de esta manera la masificación de la apatía que ha llevado a miles de jóvenes a tomar el camino de las armas y la delincuencia.

Para esto se deben adelantar proyectos articulados con las políticas económicas, para que cada joven pueda vivir plenamente su juventud siendo útil a la sociedad para que puedan asumir hacia el futuro sus propios papales de trabajo y de padres de familia.

En Colombia debemos pensar en hacer un corte de cuentas en el tema de la educación y el empleo para las nuevas generaciones, para que los jóvenes disfruten de una situación material mejor, para que puedan tener acceso a los bienes de consumo de manera más generalizada que en épocas anteriores y así levantar el índice de satisfacción encarando con optimismo su futuro.

¿Cómo hacerlo? Parece ser la pregunta. Hay quienes dicen que se puede pensar en poner en marcha programas empresariales avalados por el Estado y el sector privado dirigidos tanto a jóvenes con altos grados en educación, como para aquellos de las zonas rurales y urbanas, pero para esto se necesita de una voluntad política que redireccione la inversión hacia nuevas políticas públicas para la juventud. No se puede seguir haciendo más conjeturas sobre las causas sociales y psicológicas que desestabilizan a nuestros jóvenes. El futuro es ahora y al Gobierno le toca actuar.

 

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