Humanismo Integral y Aplicado

El Miraísmo va dirigido a lograr la Renovación Absoluta , la formación de un mundo diferente a partir de un cambio en el ser humano, en el que prevalezcan la difusión del buen ejemplo y la primacía del bien común y del  interés general . La orientación del Miraísmo es, por tanto, la de servir a la humanidad, lejos de cualquier tendencia monolítica que impida la flexibilidad y el pragmatismo necesarios, para lograr la solidaridad y la generación de soluciones efectivas a favor de las poblaciones que lo requieran.

Nos encontramos en contextos de conflicto, de sentimientos, expresiones y hechos bélicos, radicalización de las creencias e ideas, en tiempos donde el mayor descubrimiento en la historia, el concepto del ser humano, ha sido menospreciado e invisibilizado por valores individualistas, preceptos dogmáticos excluyentes, egoístas e inequitativos.

La solidaridad, entendida como el sentimiento y acciones de unidad basado en el bien común e intereses generales, no encuentra espacios colectivos definidos; a su vez, la democracia ha encontrado en las rigideces normativas y en las carencias sociales su limitante histórica, lo cual ha provocado que la desconfianza y la indolencia caractericen nuestras identidades políticas y acciones sociales hacia una normalización de la violencia.

Pensar en una propuesta ideológica en medio de acontecimientos tan complejos y contradictorios, no es una tarea fácil; sin embargo, basta con dar una mirada y aprender de la historia para saber que propuestas de este tipo, deben contener un aprendizaje social continuo, supuestos reales que provengan de las necesidades y condiciones materiales de vida de las sociedades, y supuestos visionales que respondan a las expectativas y posibilidades de las mismas.

El Miraísmo surge como una potencialidad universal dentro de las ideas de la posmodernidad que responden críticamente a las realidades desarrolladas por el modelo liberal de la sociedad, la economía y la política, y se convierte en una nueva alternativa múltiple y sistémica que rescata el concepto de Humanismo y promueve un sistema de valores que permite el desarrollo y reconstrucción continua de las sociedades hacia el bien común.

Promover al ser humano integralmente, en su desarrollo histórico con derechos y deberes, como un sujeto libre, creativo, autónomo y mayormente en interacción directa, no solo con el ambiente, sino principalmente en la construcción asociada y colectiva de futuros mejorados y en comunicación con el otro como ser social, son partes fundamentales de la conciencia social del Humanismo Integral y Aplicado del Miraísmo.

El hombre nace libre pero son las condiciones materiales las que hacen de los hombres, seres sometidos a esclavitud, pobreza, miseria, desigualdades e injusticias; El Humanismo Integral y Aplicado cree en el hombre como actor que tiene el derecho y deber de ejercer esta libertad de forma responsable y así asumir la posibilidad de transformación colectiva, para actuar no por intereses particulares sino generales; considera al ser humano en colectivo como autor y constructor de soluciones enmarcadas en un contexto de valores o principios éticos firmes e inquebrantables.

Este Humanismo es íntegro, porque promueve la virtud y rectitud, y es Integral porque es ineludible preocuparse solo en términos materiales cuando la dignidad humana requiere ser planteada en términos intangibles como son las condiciones sociales, familiares y afectivas de los seres humanos para alcanzar sus proyectos de vida o autorrealización.

Hasta ahora el humanismo ha tenido diferentes concepciones que se han generalizado y otras que has sido desplazadas y dispersas, pero todas han encontrado en la normativización un límite a sus esfuerzos. El Humanismo propuesto es Aplicado porque no se queda solo en este tipo de iniciativas sino que trascienden a los hechos colectivos, comportamientos que promueven la solidaridad y los intereses generales para el bienestar, desarrollo y realización de todos.

El Humanismo Integral y Aplicado del Miraísmo deliberativo tiene como objetivo promover la Dignidad humana no como un adjetivo que describe un estado, sino como un valor inherente a la condición y realización misma del ser humano, como fuente de todos los demás valores y derechos que hacen parte de la vida del hombre en sociedad, mediante lo cual, por el solo hecho de existir, cada ser humano debe ser reconocido y respetado como tal.

La Dignidad Humana para el Miraísmo está enmarcada en los Derechos Humanos acordados internacionalmente y reconoce la importancia de no ignorar las condiciones, necesidades y expectativas reales de los seres humanos. Sin embargo, resalta que esta dignidad humana de ninguna manera puede ser objeto de negociación, ni se habla de ella en términos intermedios.

Es por esto que este Humanismo retoma a la comunicación como una herramienta que cree que el diálogo y la argumentación racional, para posibilitar contextos de transformación, igualitarios, consensuados y de aprendizaje social que satisfagan esas necesidades y expectativas reconocidas por los diferentes colectivos que conforman las distintas sociedades.

La Dignidad Humana se materializa directamente en el concepto de calidad de vida, concebida por el Miraísmo como el nivel de bienestar y grado de satisfacción de las personas respecto a sus condiciones de vida materiales. Los niveles de bienestar dependen de los medios de vida que el propio humano pueda producir o requiera en singular pero principalmente como ser humano colectivo o que vive en sociedad.

En este sentido el Humanismo Integral y aplicado Miráista promueve la Dignidad Humana como un todo integral, que pretende no solo influir en los aspectos objetivos o calida de vida (la materialidad definida en los mínimos habitacionales, condiciones de salud, salubridad, ambientales, tecnológicos, de seguridad, etc.), sino también en los subjetivos, entendidos como las actitudes que las personas tienen frente a su entorno (actitudes frente a la familia, los cuidados de su salud, formación educativa, relación con la naturaleza, compromiso político y comunitario, las condiciones y garantía de los derechos políticos y de autodeterminación no solo moral sino también de las comunidades) y a sus semejantes.

Quienes acojan este Humanismo deben pensar para, en y como los demás para aprender y crecer como un colectivo asociado y así poder llegar a un equilibrio adecuado donde nadie pueda ejercer en nombre de la Dignidad Humana acciones en contra de la Dignidad de otros.

Para este Humanismo no hay discriminación entre seres humanos, todos tienen las capacidades y las oportunidades si son conducidos por valores y principios éticos compartidos; esta Dignidad humana es la misma para todo sin olvidar las particularidades propias de cada territorio y población, porque cada uno tiene condiciones y carencias que requieren un desarrollo y hechos particulares, pero sobre todo, de la participación y construcción conjunta.

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