Odio y libertades fundamentales: por Carlos Alberto Baena

 

Baena WEB CRÓNICALa Crónica del Quindío.    

La Corte Constitucional colombiana ha desarrollado el test de proporcionalidad, para aplicarlo cuando tiene que resolver algún caso en el cual se vean involucrados dos o más derechos fundamentales en conflicto.

No obstante, hoy puede decirse que de todo hay, menos proporcionalidad, cuando pugnan la libertades religiosa, contra la libertad de expresión.

Existen bastantes declaraciones internacionales que se ocupan de estos ámbitos de la vida del ser. Colombia, también ha recogido parte de esa normativa en la Constitución y en varias leyes, pero hace falta mucho para que la verdadera tolerancia y la convivencia con respeto, hagan parte de nuestra vida diaria.

El discurso religioso, dicho por expertos y organizaciones en todo el mundo, debe gozar de un nivel especial de protección, toda vez que expresa un elemento integral de la identidad y la dignidad personal.
Sin embargo, a pesar de ese escenario idealista, la realidad acusa un retroceso sensible y evidente en términos de tolerancia, protección y promoción de esta libertad fundamental.

El impacto en la opinión pública, más que de los hechos, sí de las opiniones que son emitidas en los medios masivos de comunicación o la ligereza de los pronunciamientos sinnúmero de bajos estándares éticos que se difunden en la web a modo de blogs, periódicos, portales, mensajes o trinos que posicionan rumores, a modo de serias verdades, sin sustento probatorio alguno, son problemas muy reales, a pesar de su emisión por canales virtuales.

En medio de todo esto, se construye sin reparos en contra de la libertad religiosa, por cuenta de la libertad de expresión, un discurso de odio, que se alza en contra de los contenidos de la fe objeto de ataque, basado en la falta de respeto por la diferencia y en la intolerancia.

Cuando ese discurso de odio, que desacredita a una persona o grupo en razón de su creencia religiosa, hace carrera, entramos en un campo más delicado y comprometedor, que es justamente el de la apología al odio.

Entonces, ¿qué hacer al respecto? Hay que fortalecer el escenario normativo internacional, sobre todo en lo que a fuerza vinculante se refiere.

También, incrementar estatalmente la determinación para combatir los estereotipos negativos y las formas de discriminación por motivos religiosos, para facilitar el entendimiento intercultural y la tolerancia.
Y por último, sin agotarlo todo, Colombia debe mirar con especial atención la protección a las minorías religiosas, y esmerarse en que la apología al odio sea impedida tanto en el discurso público y político, como en el de los medios de comunicación.

 

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